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jueves, enero 04, 2007

Negación del Holocausto: Mi historia personal

Tribuna de El País, Madrid , 17/12/2006

AYAAN HIRSI ALÍ
Un día de 1994, cuando vivía en Ede, una pequeña ciudad holandesa, recuerdo que recibí la visita de mi hermanastra. Ella y yo habíamos solicitado asilo en Holanda. A mí se me concedió, a ella le fue denegado. El hecho de que yo recibiera el asilo me dio la posibilidad de estudiar. Mi hermanastra no pudo hacerlo. Para ser admitida en el instituto de educación superior al que quería asistir, tuve que aprobar tres cursos: uno de Lengua, uno de Educación Cívica y otro de Historia. Fue en este último cuando oí hablar por primera vez del Holocausto. Por aquel entonces yo tenía 24 años, y mi hermanastra 21.
En aquella época, el genocidio de Ruanda y la limpieza étnica de la antigua Yugoslavia plagaban las noticias diarias. El día en que me visitó mi hermanastra, me encontraba dándole vueltas a lo que les había ocurrido a seis millones de judíos en Alemania, Holanda, Francia y Europa del Este. Supe que hombres, mujeres y niños inocentes fueron separados unos de otros. Con estrellas prendidas al hombro, fueron trasladados en tren a los campos y gaseados por la sola razón de ser judíos. Fue el intento más sistemático y cruel de la historia de la humanidad por aniquilar a un pueblo.
Vi fotografías de masas de esqueletos, incluso de niños. Escuché aterradores relatos de algunas personas que habían sobrevivido al terror de Auschwitz y Sobibor. Le conté todo esto a mi hermanastra y le mostré las imágenes de mi libro de historia. Lo que me dijo me horrorizó todavía más que la atroz información de mi libro. Con gran convicción, mi hermanastra espetó: "¡Es mentira! Los judíos saben cómo cegar a la gente. No fueron asesinados, gaseados ni masacrados. Pero rezo a Alá para que algún día todos los judíos del mundo sean destruidos". Me horrorizó su reacción.
Recuerdo que de niña, cuando me criaba en Arabia Saudí, mis profesores, mi madre y nuestros vecinos nos decían casi a diario que los judíos eran malos, los enemigos declarados de los musulmanes, cuyo único objetivo era destruir el islam. Nunca nos informaron sobre el Holocausto. Más tarde, en Kenia, cuando era una adolescente y nos llegaba a África la filantropía saudí y de otra zonas del Golfo, me acuerdo de que la construcción de mezquitas y las donaciones a hospitales y a los pobres iban juntos con los insultos a los judíos. Se decía que ellos eran los responsables de la muerte de bebés y de epidemias como el sida. Eran avariciosos y harían cualquier cosa por acabar con los musulmanes. Si algún día queríamos conocer la paz y la estabilidad, tendríamos que destruirles antes de que ellos nos destruyeran a nosotros.
Los líderes occidentales que dicen sentirse escandalizados por la conferencia de Ahmadineyad en la que niega el Holocausto necesitan despertar a esa realidad. Para la mayoría de los musulmanes del mundo, el Holocausto no es un gran acontecimiento histórico que neguemos. Sencillamente no lo conocemos porque nunca se nos ha informado sobre él. Y lo que es peor, a la mayoría se nos prepara para que deseemos un holocausto de los judíos.
Recuerdo la presencia de filántropos occidentales, ONG e instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sus representantes hacían llegar a quienes consideraban necesitados medicamentos, preservativos, vacunas o materiales de construcción, pero ninguna información sobre el Holocausto. A diferencia de la filantropía, ofrecida en nombre del islam, los donantes laicos y cristianos y las organizaciones de ayuda no llegaban con un programa de odio, pero tampoco con un mensaje de amor. Sin duda, ésta fue una oportunidad perdida si nos fijamos en las organizaciones benéficas que propagaban el odio procedentes de países musulmanes ricos gracias al petróleo.
Se calcula que, en la actualidad, la cifra total de judíos en del mundo ronda los 15 millones, y sin duda no supera los 20 millones. En lo relativo a la fertilidad, su crecimiento puede compararse con el del mundo desarrollado, al igual que su envejecimiento. Por otro lado, se calcula que las poblaciones musulmanas están entre 1.200 y 1.500 millones de personas, y que no sólo están creciendo con rapidez, sino que son muy jóvenes. Lo sorprendente de la conferencia de Ahmadineyad es el (tácito) consentimiento del musulmán medio al deseo no sólo de negar el Holocausto, sino de exterminar a los judíos.
No puedo evitar preguntarme: ¿por qué no se celebra una contraconferencia en Riad, Cairo o Lahore, Jartum o Yakarta condenando a Ahmadineyad? ¿Por qué guarda silencio la Conferencia Islámica ante esto? Puede que la respuesta sea tan sencilla como horrenda: durante generaciones, los líderes de los denominados países musulmanes han alimentado a su población con una dieta constante de propaganda similar a la que recibieron generaciones de alemanes (y otros europeos), según la cual los judíos son alimañas y hay que tratarlos como tales. En Europa, la conclusión lógica fue el Holocausto. Si Ahmadineyad se sale con la suya, no le faltarán musulmanes dóciles dispuestos a acatar sus deseos.
El mundo necesita un fomento del entendimiento entre culturas, pero necesita con más urgencia ser informado sobre el Holocausto. No sólo en el interés de los judíos que sobrevivieron al Holocausto y el de sus descendientes, sino en el de la humanidad en general. Quizá haya que empezar por contraatacar la filantropía islámica surcada de odio contra los judíos. Las organizaciones benéficas cristianas y occidentales en el Tercer Mundo deberían ocuparse de informar sobre el Holocausto a los musulmanes y no musulmanes en sus áreas de actuación.



AYAAN HIRSI ALÍ es una valiente mujer somalí que supo emanciparse, y consiguió la ciudadanía holandesa. Es diputada en su país de refugio, y pese a las fatuas que la condenan a muerte, encabeza los épicos y exiguos esfuerzos de musulmanes contra el integrismo, la esclavitud de la mujer y el crimen organizado de la yijad islámica.

En los buscadores abunda la información acerca de ella.

LAS HORMIGUITAS DE MI CIUDAD

Vuelan miles de hojas de los árboles, algún que otro fruto maduro cae de los mismos y el viento arrastra papeles y residuos que llenan las calles de basura. Sin embargo todo desaparece cada día como por arte de magia y vuelve a aparecer al siguiente. Quienes tienen la oportunidad de caminar hasta el Mercaz o a la Moatza verán desde muy temprano a varias personas que ya son parte del paisaje y del folklore ciudadano que con sus cabellos blancos o algunos sin cabellos juntan todo con una paciencia encomiable. Ninguno de ellos tiene menos de 50 años y generalmente todos tienen más de 60. Cuando en todas partes del mundo e incluso en Israel la mayoría de los abuelos descansan en su casa, estas hormiguitas pasan y pasan, juntan y trasladan sin cesar todo lo que encuentren y puedan depositar en sus improvisados carros, casi todos fabricados con armazones de cochecitos de bebes. Ellos son los primeros en mostrarnos una sonrisa tan tempranera, los que tienen un BOKER TOV a flor de labios cuando pasamos y son parte del cuadro que vemos y disfrutamos en nuestras caminatas. Quienes solo se transportan en auto no pueden apreciar pequeños y grandes detalles que tienen que ver mucho con el ser humano, su interrelación y la relación con el medio en que viven. Saliendo del centro de Katzrin y a unos 2 km., se encuentra el centro comercial de JOZOT A GOLAN donde hay un amplio estacionamiento. Allí se inauguro hace pocos meses un cine tridimensional con la última tecnología, exclusivos Pubs, Restaurantes y un patio de comidas. Dentro del mismo hay dos negocios latinos, uno de Pizzas y comidas jalabit y otro de carnes a la parrilla y comidas bazarit, poniendo también allí de manifiesto la existencia de una gran comunidad latina en el Golán. En este sitio volvemos a ver estas hormiguitas viajeras que mantienen el lugar libre de hojas y desperdicios. Lo increíble es que al acercarnos a ellos, reconocemos que son los mismos que vimos hace unas horas en el centro de la ciudad. Al preguntarles como llegaron, contestan alegremente que lo hacen caminando y que no les preocupa ni el frió, ni el calor. Hace pocos días uno de ellos que tendrá aproximadamente 70 anos, se encontraba limpiando en la zona industrial, casi otro km. más de distancia a recorrer, con la misma serenidad y alegría que siempre lleva consigo. Entro un minuto a mi comercio donde se cruzo con un piano eléctrico, apretó una tecla y al no emitir sonido alguno pidió que se lo enchufara a la corriente. Mi gran sorpresa fue escucharlo tocar como un maestro, no solo temas clásicos sino también temas latinos muy conocidos que acompañaba con un español que jamás había escuchado antes. Terminado su corto pero impactante concierto, se dispuso a terminar sus tareas con gran responsabilidad, no sin antes ofrecer su ayuda para lo que necesitemos, aclarando que solo lo haría BLI KESEF (sin pago de dinero), ya que considera que entre amigos no se debe cobrar ni pagar.

Este increíble personaje insertado en este mundo moderno tan malogrado, me visito varias veces en días siguientes en las que pude conocer su amplia cultura y conocimientos en los temas mas variados. A su vez en su entusiasmo por seguir aprendiendo, cada día me pide que le enseñe alguna palabra en español, oral y escrita, y me cuenta como entra en las páginas de Internet de Montevideo y Bs. Aires, relatándome sus sitios y paisajes a la vez que me sorprende tarareando alguna nueva vieja canción latina. Cuando todo lo que vemos esta contaminado de alguna forma por el egoísmo, los intereses, la falta de compromiso y los personalismos a ultranza, una persona como esta merece que dedique un rato de mi tiempo a rendirle este homenaje. Conocer estas personas de otros sitios, otras culturas y con tantas vivencias a través de sus largas vidas, es algo mas de lo bueno que nos puede pasar en nuestra ciudad y en nuestro Eretz Israel.

GRACIAS A TODOS LOS ABUELOS QUE DEDICAN SU TIEMPO A QUE NUESTRA CIUDAD SEA UN HERMOSO SITIO PARA VIVIR Y PASEAR.

Bernardo Ptasevich Katzrin 4/01/2007


Gracias, Berny!